Psicopatía corporativa

¿Qué hacer cuando la psicopatía alcanza el poder?

Hace unos meses escribía un artículo en un tono informal y divulgativo sobre la bondad y la maldad, más desde el ámbito emocional que científico (https://frankyague.com/2024/04/30/ideologias-o-personas/), posiblemente cansado de las dualidades a las que nos empujan a situarnos, con un enfoque maniqueo que alimenta el enfrentamiento y fracturas muy peligrosas: inmigrante/español, empresario/obrero, mujer/hombre, etc. Y así, proponía en dicho artículo un nuevo paradigma para analizar la realidad mediante una dualidad distinta que nos ayude a superar la polarización actual, para centrarnos en el bien común y, realmente, apoyar y velar por los derechos de las personas más vulnerables y excluidas que ocupan las últimas posiciones de nuestra sociedad, buscando una integración real basada en las personas y no en una ideología de dualidades contrapuestas.

Recupero ahora aquella reflexión para aportar una perspectiva técnica y con un soporte científico que pueda ayudar a profundizar sobre la bondad y la maldad, centrándolo en el ámbito laboral, aunque aplicable a otros muchos.

Utilizar el término de psicopatía en entornos cotidianos nos asusta, pero no debemos identificarlo con el mundo del crimen, se trata de patrones conductuales más habituales de lo que pensamos. En el ámbito del trabajo, a menudo nos encontramos lidiando con personas difíciles, pero pocas veces consideramos la posibilidad de que algunos de los problemas más graves puedan estar relacionados con la presencia de psicópatas en posiciones de liderazgo. No se trata de criminales o de casos clínicos extremos, sino de personas que conviven con nosotros en el día a día empresarial y que, bajo una apariencia encantadora, son capaces de generar un ambiente de trabajo tóxico y destructivo.

La psicopatía: uno de los perfiles que definen la Tríada Oscura

Existen numerosos estudios y opiniones de profesionales que reconocen la existencia de la maldad y aportan datos que la caracterizan, sobre todo en el ámbito de la psicología.

El concepto de la Tríada Oscura de la personalidad, descrito por Paulhus y Williams (2002), reúne tres rasgos clave: maquiavelismo, narcisismo y psicopatía. Cada uno de estos rasgos, en mayor o menor medida, influye en el comportamiento de individuos que pueden ser enormemente dañinos para sus compañeros de trabajo y, en última instancia, para las organizaciones en las que operan.

La psicopatía, específicamente, se caracteriza por la falta de empatía, el egoísmo extremo, la manipulación y la tendencia a actuar sin considerar las consecuencias emocionales o sociales de sus acciones. Las personas psicópatas en el entorno laboral no suelen ser criminales violentas, sino personas integradas que esconden sus rasgos oscuros bajo una fachada de eficiencia, carisma o incluso liderazgo. Estas personas son expertas en moldear su imagen para adaptarse a los entornos en los que operan, lo que les permite ascender en la jerarquía organizacional sin levantar sospechas.

Psicópatas en el liderazgo: un riesgo subestimado

Estudios como los de Clive Roland Boddy sugieren que existe una prevalencia de psicópatas en posiciones de liderazgo empresarial y en la política. Esto no es una coincidencia. Las organizaciones tradicionales, especialmente aquellas con estructuras jerárquicas rígidas y enfocadas exclusivamente en la rentabilidad y los resultados a corto plazo, tienden a recompensar rasgos que se alinean con la psicopatía: la frialdad, la agresividad y la capacidad para tomar decisiones difíciles sin titubear​.

En la búsqueda del éxito, muchas empresas promueven y valoran este tipo de comportamientos, ignorando las consecuencias a largo plazo. El perfil del «ejecutivo agresivo«, que en décadas anteriores fue glorificado, ha dejado un legado peligroso. El liderazgo ejercido con rasgos narcisistas y psicopáticos tiene una capacidad inusualmente alta para concentrar poder y manipular a otros en beneficio propio, lo que no solo afecta a las personas empleadas, sino que puede llevar a la empresa al borde del colapso organizacional.

Uno de los mayores riesgos de tener psicópatas en roles directivos es su influencia sobre la cultura organizacional. Una persona líder con estas características modela el comportamiento de las personas a su cargo, creando una atmósfera de competencia desleal, desconfianza y, a menudo, temor. El ambiente tóxico que generan puede provocar un aumento del absentismo, la baja moral y, en casos extremos, la salida masiva de talento. Esto, por supuesto, tiene un impacto directo en los resultados de la empresa, tanto a nivel financiero como de reputación. La Triada Oscura presenta perfiles relacionales que identificamos con las personas tóxicas, con incapacidad de relación a nivel íntimo, ausencia de sentimientos solidarios e, incluso, de amor desinteresado.

Estrategias para abordar la psicopatía en el entorno laboral

Es fundamental que las organizaciones tomen medidas para prevenir que este tipo de perfiles accedan a puestos de liderazgo o, si ya están presentes, que se implementen estrategias para mitigar o contener su impacto negativo. Por otro lado, no olvidemos que podemos encontrar personas con este perfil ocupando puestos de cualquier categoría profesional. Aquí algunos enfoques clave:

  1. Evaluaciones psicológicas rigurosas en la selección de personal: aunque es poco común, incluir pruebas psicométricas que evalúen los rasgos de la Tríada Oscura puede ser una herramienta poderosa para evitar que personas con rasgos psicopáticos asuman posiciones clave dentro de la organización. Estas evaluaciones deben orientarse desde la psicología laboral, y los resultados deben ser considerados en conjunto con otros factores en la selección de las candidaturas.
  2. Fomento de una cultura organizacional basada en la confianza, la empatía y la colaboración: las empresas que priorizan los valores humanos en sus políticas internas y que promueven el trabajo en equipo y la participación tienden a ser menos vulnerables a los efectos negativos de un liderazgo tóxico. En un entorno donde las decisiones son compartidas y se valora el bienestar de las personas empleadas, un perfil psicopático tiene menos espacio para manipular y ejercer su influencia destructiva.
  3. Modelos de gestión horizontal y autogestión: la implementación de estructuras horizontales y metodologías agile pueden ser una herramienta eficaz para diluir el poder concentrado en una sola persona. En estos modelos, el liderazgo se convierte más en un rol facilitador o liderazgo múltiple que en un puesto de autoridad absoluta, lo que reduce el riesgo de que los psicópatas puedan controlar el destino de una organización.
  4. Formación continua en valores éticos y gestión emocional: no solo es importante prevenir la entrada de personas con rasgos psicopáticos, sino también promover un entorno donde la gestión emocional y los valores éticos sean parte de la formación continua. Cuando las personas empleadas y líderes desarrollan una mayor autoconciencia y habilidades de inteligencia emocional, es más difícil que las actitudes tóxicas prosperen.

Un cambio de paradigma

El caso de la psicopatía corporativa nos obliga a reflexionar sobre el tipo de liderazgo que queremos en nuestras empresas. Durante demasiado tiempo, hemos permitido que los valores erróneos dominen nuestras estructuras organizacionales. El éxito basado en el poder, el control y la manipulación puede generar resultados a corto plazo, pero es insostenible en el tiempo.

Las empresas que buscan un crecimiento a largo plazo deben abandonar la glorificación del «ejecutivo agresivo» y, en su lugar, centrarse en desarrollar líderes que promuevan la colaboración, el respeto y el bienestar colectivo. No es solo una cuestión de ética, sino de supervivencia. En un mundo cada vez más interconectado y transparente, las organizaciones que no prioricen a las personas están destinadas a fracasar.

Al final, la pregunta es: ¿Qué tipo de organización queremos construir? Si queremos empresas sostenibles, saludables y con impacto positivo, debemos tomar medidas para reducir la influencia de comportamientos psicópatas en nuestras estructuras de poder. El liderazgo no debe ser una herramienta para el control, sino una fuerza para el bien común.

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