La motivación al cambio

O cómo movilizar la voluntad hacia la transformación personal

Abordaremos en este post un elemento clave a la hora de acompañar procesos de inclusión social y laboral, la motivación al cambio. Porque hoy en día la mayoría de los agentes que impulsan o acompañan este tipo de procesos, tienen claro que se deben sustentar en la promoción de la autonomía de la persona, despojándolos paulatinamente de las dependencias generadas fruto de los procesos de exclusión social.

Aun así, conviene que revisemos nuestras propias motivaciones, evitando el síndrome del narcisismo solidario, el cual no sólo se da en perspectivas asistencialistas de la intervención social, sino también desde perspectivas que pudieran parecer más emancipadoras como la defensa de los derechos. Enfoques no basados en la promoción de la autonomía, nos conducen a generar dependencia, conformismo e inmovilismo en las personas sujeto de la intervención.

¿Qué aspectos tendríamos que acompañar o entrenar en aquellas personas que han perdido la capacidad de crecimiento personal y que les ayuden a superar su situación de exclusión, bien sea social o laboral, o ambas al mismo tiempo? Personas desmotivadas, sin autoestima y paralizadas, sin voluntad de cambio.

En algún otro post anterior, ya hemos abordado la motivación al cambio. Ahora, profundizaremos un poco más, buscando sugerir un camino de intervención, sin perder de vista el protagonismo de las personas.

Nos centraremos en un elemento fundamental, sin el cual nos será muy difícil evolucionar, ya que condiciona de manera determinante nuestra forma de ser, estar o participar en el mundo: el autoconocimiento (la percepción que tenemos de nosotros mismos). El autoconocimiento nos va a permitir desarrollar libertad (autonomía y toma de decisiones) y responsabilidad (identificar y asumir aquello sobre lo que tengo control).

Apuntaremos a continuación, los aspectos que pueden estimular y desarrollar nuestro autoconocimiento enfocado hacia la motivación al cambio. Éstos podrían estar más relacionados con el pasado, con el presente o con el futuro. No necesariamente tendrán que abordarse de forma secuencial, sino que nos adaptaremos a las necesidades de cada persona, partiendo de aquellos sobre los que muestre una mayor facilidad para ser trabajados.

Es importante abordar con la persona los aspectos del pasado que han determinado su ser o condicionado la manera en cómo afronta su vida. Figuradamente, nos enfrentaríamos al reto de acompañarla en la reorganización de su álbum de fotos.

  1. Reescribe tu historia u organiza tu álbum de fotos.

Por norma general, los acontecimientos o experiencias negativas nos pesan mucho más que las positivas, normalmente generamos voluminosas novelas que narran nuestras desgracias, pero dedicamos relatos cortos a los acontecimientos positivos que nos acontecen. Nos podemos imaginar cómo esto afecta y conforma a las personas que sufren procesos de exclusión. Pesados álbumes de fotos desde su infancia, en los que experiencias negativas se van sucediendo y encadenando, conformando una visión de sí misma distorsionada que genera resignación y, por lo tanto, inacción. Pensemos que acumulan frustraciones, fracasos, falta de control sobre sus vidas, viéndose minada su autoestima y la imagen que de sí mismas tienen.

La tarea, por tanto, será conducirles en la identificación de todo aquello que les impide ser y resituarlo, recuperando las fotos positivas de su vida para que hagan de palanca en la recuperación de su autoestima.

2. Identifica tus vulnerabilidades y potencialidades.

Las experiencias negativas nos generan miedos, inseguridades, por lo que, también, tendríamos que promover el conocimiento de sus vulnerabilidades. Pero a su vez, la identificación de sus potencialidades. ¿Cuándo se dan, qué las provoca, cómo reacciono ante ellas, cómo me siento?

Conocer estas realidades, nuestras dinámicas interiores, nos van a ayudar a comprendernos, fortaleciendo poco a poco nuestra autoestima.

También podemos encontrar aspectos del presente que nos configuran y condicionan nuestra actitud vital. Si las claves del pasado tienen más que ver con la autoestima, las del presente se alinean más con la motivación. De la misma manera, los aspectos que abordaremos en relación al futuro tendrán más que ver con la voluntad.

La voluntad retroalimenta los motivos, nuestras razones últimas, por lo que, a mayor fuerza de voluntad, con mayor decisión se disiparán las excusas.

3. Busca tu propósito.

Uno de los enfoques fundamentales que tendríamos que provocar en las personas acompañadas, es reflexionar en torno al sentido que le otorgan a su vida. Es importante tener en cuenta que el sentido se renueva, puede cambiar a lo largo del tiempo, por ello hay que redefinirlo en cada momento. Tener un propósito nos impulsa, nos mantiene motivados y, sobre todo, nos enfoca a la acción.

Nos podemos hacer una idea de cómo los procesos de exclusión han podido borrar de la conciencia en las personas que los sufren, cualquier atisbo de sentido, por ello es importante trabajar este aspecto con las personas que acompañamos. Y si lo tuvieran, lo viven como un sueño, algo que no pueden conseguir. En ocasiones, como no pueden dotarse de un sentido trascendente, de proyecto, se refugian en aquellas cosas cotidianas, inmediatas y mundanas que les aportan un seudosentido y descubrimos apegos a cosas que cuando desaparecen les genera un nuevo fracaso, desencadenando una crisis tras otra.

4. Adopta hábitos.

Si ya tenemos un porqué para nuestra vida, el siguiente paso será desarrollar acciones que alimenten ese porqué. Si nuestro sentido está bien asentado, éste nos empujará a la acción. Para asentar los cambios será necesario programar dichas acciones, promoverlas paulatinamente, pero de forma segura, a través de hábitos que asienten los cambios. La persona será la protagonista que identifique las acciones y hábitos que se sienta empujada a asimilar.

Los hábitos nos ayudan a trazar la realidad presente, siendo el germen de nuestro futuro. Según actuemos en nuestro presente, nuestro futuro se desarrollará en un sentido u otro. Aquí podemos también volver al pasado, porque la experiencia pasada que puedan tener las personas que acompañamos, evidenciará que en función de las decisiones que han tomado en cada momento, configuraron de una forma determinada su futuro, hoy ya presente.

5. Define tus expectativas.

Inmersos en la acción, el futuro aparece en el horizonte. Ya hemos comentado en otras ocasiones, cómo las personas en situación de exclusión social tienen dificultades para la toma de decisiones a largo plazo, por lo tanto, también sería muy interesante entrenarlos para proyectar el futuro. Y aquí entran en juego las expectativas. Porque la voluntad de cambio se alienta de expectativas. Situar unas expectativas adecuadas a mis potencialidades, realistas y posibles, ayudará enormemente a las personas acompañadas a asentar y proyectar su transformación personal. Todo ello alineado con el sentido y un concepto de sí misma renovado.

6. Apóyate en personas de confianza.

Por último, no podemos olvidar los vínculos. Una persona en soledad tiene compradas todas las papeletas para el fracaso. También hemos hablado, en otras ocasiones, de lo determinante de los vínculos personales. Deberemos ayudar a las personas a identificar aquellos vínculos positivos que les permitan asentar los hábitos, fortalecer su autoestima, encontrar su sentido y, por ende, enfrentarse con éxito a su transformación personal.