La máscara que nos construimos: cuando la identidad dificulta el cambio

Retomo aquí nuevamente la perspectiva reflexiva en torno a las identidades que he abordado en otros artículos y desde el punto de visa de la vertiente personal. A pesar de ello cabe tener en cuenta que uno de los errores más frecuentes puede llevarnos a pensar que la identidad es algo que nace únicamente en nuestro interior. En realidad, nos construimos en relación con otros. Somos, en parte, el resultado de nuestras experiencias, pero también de las expectativas, reconocimientos y límites que encontramos en nuestro entorno. Por eso, comprender a una persona exige mirar simultáneamente en dos direcciones: hacia su mundo interior y hacia las condiciones sociales que han contribuido a moldearlo. Por ello, aunque nuestro enfoque se centra en la persona, no debemos olvidar nunca su contexto. El énfasis lo sitúo en esa perspectiva porque lo que propongo nuevamente es estimular la autoconciencia como resorte que ayude a movilizar el cambio. La autoconciencia no garantiza el cambio, pero suele abrir un espacio desde el que éste resulta más posible.